El bosque salvaje: Wildwood

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Hay dos factores que siempre están en contra de cualquier equipo de grabación: los recursos y el tiempo. Los recursos porque requieren de presupuesto, el cual siempre es limitado. Y el tiempo porque, como dijo George Lucas cuando estaba estrenando sus ediciones especiales de la trilogía original de Star Wars, la mayor parte de las películas no son concluidas —son abandonadas. Abandonadas porque se tienen que cumplir ciertos deadlines –de preproducción, producción, posproducción y, por supuesto, lanzamiento. Muchos filmes son estrenados porque deben ser estrenados en una fecha específica, no porque estén listos, necesariamente.

Pero ¿qué pasa cuando se tienen recursos y tiempo casi ilimitados? ¿Cuando no hay apuro para lanzar una película en una fecha en específico? ¿Cuando no hay productores empecinados en tener productos listos para ciertas épocas beneficiosas para los accionistas de una corporación enorme? No sé si se trate de un escenario realista, pero lo que sí sé es que si hay una película que se debe haber hecho en condiciones extremadamente parecidas a lo propuesto, es El bosque salvaje: Wildwood, del director Travis Knight (Amos del universo) y su productora de animación stop-motion, Laika.


Porque lo que tenemos acá es una cinta que ha estado en desarrollo y luego en producción por los últimos dieciséis (¡!) años. Una película que ha sido lanzada únicamente porque la gente involucrada en la misma quería hacer el mejor trabajo posible, basándose en un libro respetado por muchos. Y un filme hecho por una casa realizadora cuyas producciones, a excepción de la popular Coraline, nunca han generado ganancias, pero que sigue existiendo gracias a que el ya mencionado Knight, también CEO de Laika, es hijo del CEO de Nike. Sí, la marca de zapatillas.

En pocas palabras: si Laika sigue existiendo y sigue produciendo películas como Wildwood, es gracias a Nike. Huh.

Dejando eso de lado, igual debemos agradecer que una cinta como esta haya estrenado en la cartelera comercial. No solo se trata de una producción de animación stop-motion, un formato y estilo artístico cada vez menos común. También es una cinta para mayores de 14 años, lo cual va un poco en contra de la percepción que buena parte del público tiene del cine de animación comercial. Wildwood está llena de violencia, cuenta con breves desnudos y hasta tiene diálogos con palabras un poco fuertes, lo cual hace que no sea apta para niños. Así que ya saben: no lleven al Pequeño Timmy a ver Wildwood; de lo contrario, podrá quedar un poco traumado.

Quienes se animen y tengan la edad adecuada para ver El bosque salvaje: Wildwood, sin embargo, se encontrarán con una extraordinaria producción; una historia de fantasía, acción y muerte, centrada en una niña que se da cuenta de que no debe empecinarse en crecer tan rápido, descubriendo que el amor de los padres es emocionalmente ilimitado, pero que también puede llegar a tener límites lógicos y prácticos. Narrada con un estilo de animación simplemente espectacular, Wildwood funciona muy bien como un relato aleccionador, una aventura emocionante y una experiencia completamente distinta de lo que usualmente vemos en la pantalla grande.


El bosque salvaje: Wildwood se desarrolla en Portland, Oregón, y tiene como protagonista a Prue McKeel (voz de Peyton Elizabeth Lee), una púber que no quiere ser tratada como niña y que a veces se desespera con sus padres hippies (Jake Johnson y Maya Erskine). Estos últimos salen un día de casa y dejan encargado a su bebito, Mac (Arthur Knight, el hijo del director), con su hija mayor, a quien le dicen que mejor no salga de casa. Claramente, la chica no les hace caso, e inmediatamente se lleva al bebé en su bicicleta, lo cual primero resulta tanto en un paseo divertido por la ciudad, como en un encuentro con un compañero de colegio de Prue, Curtis (Jacob Tremblay).

Las cosas se tornan feas, sin embargo, cuando las historias del padre parecen hacerse reales. Una bandada de cuervos secuestra al bebé Mac, lo cual motiva tanto a Prue como a Curtis a meterse en el Bosque Impenetrable, el cual se supone que no puede ser accedido por nadie… excepto nuestra protagonista, por supuesto. Y adentro, los chicos se encuentran con un mundo fantástico y colorido, habitado por coyotes vestidos de soldados, brujas, animales parlanchines, y más. ¿El problema? Prue y Curtis se separan casi inmediatamente, obligándolos a vivir aventuras por separado mientras intentan encontrar al bebé secuestrado.


Resulta, pues, y como nos enteramos en el prólogo de la película, que la exesposa del gobernador, llamada Alexandra (Carey Mulligan), perdió a su hijo años antes y ahora gobierna un castillo en uno de los extremos del bosque, liderando a un ejército de coyotes que se dedica a enfrentarse a todas las demás tribus. Por otro lado, tenemos al supuesto gobernador Lars (Marc Evan Jackson), que en realidad es controlado, al más puro estilo de Wormtongue en Las dos torres, por Roger (Jemaine Clement). Y finalmente, tenemos a un grupo de supuestos salvajes, liderados por Brendan (Mahershala Ali), que se rebelan contra todo el mundo. Es en este contexto que Prue debe encontrar a su hermanito, quien, como se deben imaginar, ha sido secuestrado por razones específicas.

Narrativamente hablando, Wildwood desarrolla más sus temas centrales y motivaciones emocionales para los protagonistas que una estructura original o giros sorprendentes. Es curioso; la trama de la película no es necesariamente imprevisible, pero igual emociona gracias a lo bien desarrollados que están los personajes. Prue (magníficamente interpretada por Lee) es una chica incrédula y de personalidad fuerte, que poco a poco se va dando cuenta de las responsabilidades de ser adulta. Su arco de crecimiento y maduración es claro, en contraste con sus deseos, paradójicamente, inmaduros de crecer aceleradamente. Y la Alexandra de Carey Mulligan (quien terminó siendo una excelente actriz de voz) es una antagonista compleja, de motivaciones comprensibles pero actos innombrables. Es una mujer cegada por el odio, el dolor y el duelo que, lamentablemente, ya no puede ser redimida.

Si Wildwood sufre de un defecto evidente, eso sí, es que, como protagonista, Prue es demasiado pasiva. Reacciona a todo, es secuestrada y jalada y llevada a cada rato por otros personajes, y es recién al final que toma decisiones importantes. Esto, desafortunadamente, hace que a nivel dramático, Widlwood se sienta un poco plana, especialmente durante su segundo acto. De hecho, me animaría a decir que esa sección de la película es la más redundante, con momentos que fácilmente podrían haber sido acortados o simplemente eliminados. No es nada súper grave, felizmente; de hecho, la experiencia en general es lo suficientemente interesante como para nunca aburrir, por más que tenga una protagonista tan inactiva.


Aparte de aquel detalle, debo decir que Wildwood es una fascinante película. Sus temas son desarrollados de forma madura y verosímil, los personajes son vulnerables y se comportan más como seres humanos que como caricaturas, y presenta a la muerte como algo real y terrorífico. De hecho, la película comienza con una muerte, y cuando el guion cree necesario deshacerse de personajes por razones dramáticas, narrativas o emocionales, lo hace de forma repentina e impactante. Nuevamente: Wildwood no es una película para niños; se siente más como una cinta que podría haber sido de acción en vivo, pero que acá ha sido interpretada con stop-motion para que maneje un tono y estilo visual específicos. Por ende, respeta a sus espectadores, tratándolos no como bebés, sino como personas que pueden interpretar la historia sin problemas.

Lo cual no quiere decir, felizmente, que El bosque salvaje: Wildwood sea una experiencia demasiado seria o deprimente. Como cualquier buena fantasía para públicos maduros, maneja tanto drama como comedia, introduciendo momentos de ligereza luego de los giros más violentos o revelaciones más emocionales. Hay diálogos graciosos (que por momentos suenan como lo que uno encontraría en un filme de Marvel) y hasta personajes que son incluidos casi solo para dar risa. De estos, la que destaca más es la rata Séptima (Awkwafina), quien felizmente también termina cumpliendo un rol narrativo importante. No hay nadie acá que haya sido incluido por las puras.


Todas las virtudes de Wildwood son maximizadas por su estilo visual. Seguramente ya saben que el arte del stop-motion requiere de mucho tiempo y recursos, pero incluso tomando eso en cuenta, lo que tenemos acá es la película de dicho estilo más ambiciosa, larga (dura poco más de dos horas) y visualmente impresionante que se haya hecho. Wildwood se siente como un tributo al arte hecho por humanos; es como la antítesis de la IA generativa (ugh), donde cada encuadre, cada frame, cada escenario y cada diseño de personaje se siente único y hecho a mano. Y no solo eso: la animación es increíblemente fluida, dejando en evidencia la técnica con la que fue realizada únicamente con elementos como el pelo o la ropa. Y secuencias como la batalla final, que combina el stop-motion con efectos visuales digitales (como explosiones y fuego) y hasta animación en 2D, me dejaron con la boca abierta y la piel de gallina.

Dudo mucho que cualquier otra película animada de este año llegue a ser igual de impactante, emotiva y hermosa que El bosque salvaje: Wildwood. Es el tipo de filme que podría dejar anonadado a cualquiera y que, en mi caso, hizo que me preguntara ¿Cómo diablos hicieron esto? cada cinco minutos. Sin embargo, sus cualidades visuales, de animación fluida, iluminación espectacular y sets reales súper detallados, no están acá solo porque sí, sino más bien al servicio de una historia algo previsible pero a la vez emotiva y llena de personajes bien construidos y sorprendentemente complejos. Háganse un favor y vayan a ver El bosque salvaje: Wildwood al cine, y si pueden, en idioma original. Lo más probable es que salgan de la sala igual de impresionados y movidos que este crítico.

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