«Recluse» (2026), de Henry Chaisson


Recluse es una película de horror que, sin llegar a tener nada particularmente original que decir, igual funciona como un ejemplar decente del género. El filme tiene como protagonista a Joan (Sasha Frolova, de Mujercitas), una sonidista audiovisual de escasas habilidades sociales que decide regresar a la casa de su padre, un afamado artista (Xander Berkeley), para verlo luego sufrir un accidente y quedar con el rostro quemado. Pero una vez en la enorme mansión, se encontrará con todo tipo de sucesos extraños, muchos de los cuales son ruidos que intenta escuchar y seguir con su grabadora de sonido.
El concepto central de Recluse me recordó un poco a la reciente Undertone: utilizar el sonido y la grabación de sonidos para desarrollar escenarios de tensión y horror. Sin embargo, debo decir que dicho recurso se utiliza mejor en la otra película, ya que la trama y, en general, todo el contexto en el que se desarrolla su historia están vinculados al tema del sonido. Acá, más bien, es como un recurso más, que además es combinado con fotos Polaroid que Joan toma, así como la presencia de personajes que, de alguna forma u otra, intentan proteger al padre (como su enfermera Emily, interpretada por Mia Vallet, o el hijo de la ama de llaves, Todd, interpretado por Kimball Farley).

No obstante, por más que no haya nada particularmente novedoso a nivel narrativo, Recluse igual cuenta con otras características notables. La dirección de fotografía de Bryce Holden juega muy bien con los contrastes entre luces y sombras; hay algunos flashbacks grabados como si hubiesen usado película de 16 mm, lo cual contribuye a la atmósfera de misterio y pavor, y hay un par de sustos verdaderamente fuertes, muchos de los cuales involucran a una misteriosa silueta en las sombras, al igual que la figura del padre con una máscara de yeso en la cara. No creo que Recluse sea de lo más original que vaya a ver en este Festival de Tribeca, pero como punto de partida, tampoco está mal.
«Bob and David Climb Machu Picchu» (2026), de Michael LaHaie


En el 2024, los comediantes, actores y mejores amigos Bob Odenkirk (Breaking Bad, Better Call Saul) y David Cross (Hombres de Negro, Arrested Development) vinieron a Perú con un solo objetivo: hacer el Camino Inca para llegar a Machu Picchu. Quizás recuerden los videos y fotos en redes sociales de gente encontrándose con ellos en Lima o Cusco… o quizás no. El punto es que por fin podemos (bueno, los que estamos acreditados para el Festival de Tribeca de este año) ver el resultado de aquel viaje: el documental Bob and David Climb Machu Picchu, centrado no solo en los cuatro días de caminata agotadora, sino también en una ligera exploración de sus dos protagonistas.
Bob and David Climb Machu Picchu no es, pues, el documental más profundo que puedan ver. Al terminarlo, tenía la sensación de haber visto algo súper ligero, frecuentemente gracioso y por (muy ocasionales) momentos reflexivo, pero nada más. El filme utiliza el viaje a Cusco y la caminata a Machu Picchu no para entregarnos algún tipo de nueva perspectiva (foránea) de nuestra cultura y sociedad, sino más bien para mostrarnos a dos cómicos y actores y algo viejos, utilizando este viaje para demostrar de lo que son capaces, y reflexionar, de cuando en cuando, sobre sus carreras, sus experiencias tanto privadas como públicas, y por supuesto, las épocas en las que trabajaban juntos en la serie de televisión Mr Show.

Todo esto resulta en momentos muy divertidos, como cuando ambos comediantes ponen un stand en Ollantaytambo para firmar autógrafos, y la gente solo termina reconociendo a Odenkirk (gracias a su rol de Saul Goodman en Breaking Bad y Better Call Saul). Pero, felizmente, también da la sensación de que, por lo menos, el documental nos muestra momentos cándidos y reales de ambos actores, con el producto final sintiéndose poco armado y más bien orgánico. Supuestamente, el equipo consistía (aparte de Bob y David y de su guía, José), únicamente en dos camarógrafos y un sonidista. Esto le permite a Bob and David Climb Machu Picchu incluir momentos donde ambos comediantes improvisan chistes, hablan sobre sus inicios en Hollywood, y se maravillan ante los paisajes del Camino Inca.
Nuevamente: es todo bastante light, por lo que, fuera de un par de comentarios sobre cómo los peruanos combinamos el cristianismo y las costumbres propias luego de que nos conquistaron los españoles, no deberían esperar nada particularmente perspicaz de parte de Bob and David Climb Machu Picchu. Más bien, lo que el documental nos permite es conocer un poquito mejor a sus protagonistas mientras tratan de cumplir con este considerable reto: a un Bob Odenkirk que considera que su carrera postcomedia es una serie de coincidencias y que se encuentra un poco perdido ahora, y a un David Cross que ama el stand-up, y que ahora prioriza a su familia (incluyendo a su esposa, la también actriz Amber Tamblyn, quien aparece ocasioanlmente) por sobre el trabajo. Bob and David Climb Machu Picchu es un documental entretenido y de buen ritmo, con una perspectiva en extremo turística del Cusco; nada más ni nada menos.