¿Cuál es la mejor manera de vivir la vida? ¿De forma espontánea o planificándolo todo? Lo que plantea la canadiense Middle Life, de Pavan Moondi, es que todo debe tener un balance. O un punto medio, si lo quieren así. La espontaneidad extrema puede traer consigo momentos caóticos, mientras que la planificación absoluta puede hacer que la vida no se sienta ni divertida ni plena. Es con estos temas que el filme pone en contraposición a dos personajes que se conocen en un contexto bastante incómodo, pero que poco a poco se van dando cuenta de que podrían tener una vida interesante juntos –manteniendo el balance ya mencionado entre ambos.
Peter Dreimanis (Pecadores) interpreta a Ryan, a quien al inicio del filme vemos manejando su carro junto a su padre, Bernie (Mike D. Smith). Segundos después, la película nos muestra a Andie (Leah Fay Goldstein), quien de pronto se encuentra con un auto volteado en medio de la pista… de quien sale un malherido Ryan. Resulta que se ha chocado y que su padre se encuentra todavía dentro del vehículo. Es con este encuentro que comienza Middle Life, estableciendo que Andie logra rescatar a Ryan por pura casualidad, pero que el padre de este último, aunque bien físicamente, queda psicológicamente afectado por el accidente.

Meses después, se ve a Andie teniendo una vida supuestamente normal junto a su hijo de dos años, Theo, y a su arrogante esposo Chris (Luke Lalonde), a quien la profileración de la IA no le molesta (ugh), y al parecer prefiere escuchar podcasts mientras hace las tareas de la casa en vez de prestarle atención a su esposa. Pero ella claramente no está feliz. Es por eso que cuando se encuentra de casualidad con el ahora gasfitero Ryan en un restaurante y este le pide su teléfono, ella acepta feliz. Y por más que Chris no esté de acuerdo, comienza a salir a cada rato con él, en lo que técnicamente no son citas. Poco a poco, la cuadriculada de Andie se va enamorando del espontáneo de Ryan, mientras su matrimonio se va yendo al diablo.
El romance central de Middle Life está desarrollado de forma dulce y creíble, a través de escenas tiernas entre Ryan y Andie. Ella claramente disfruta de la capacidad de él de ir a lugares inesperados y hacer cosas nuevas y meterse en fiestas ajenas sin mayores problemas, contrastando su personalidad alegre con la actitud permanentemente fastidiada de Chris. Y Ryan intenta vivir la vida al máximo luego de haber pasado por el accidente de carro con su padre, consciente de que su trabajo instalando bidets no es particularmente emocionante. Es en otros aspectos de la vida, entonces, donde debe encontrar lo que lo llene.
Es por todo esto que la cuasipareja termina viajando junta a Los Ángeles, con Andie abandonando (solo por tres días) a su familia. Esta es una decisión que termina siendo de suma importancia tanto para la relación como para el futuro de Andie, quien se dedica a ser wedding planner pero odia su trabajo. Esta es la sección del filme donde mejor se desarrolla la relación entre Ryan y Andie, quienes no encienden la pantalla con pasión, necesariamente, pero sí resultan creíbles como personas que se sienten muy cómodas la una con la otra. Lamentablemente, esta parte de la historia también presenta a un personaje americano que poco o nada contribuye a la narrativa o a la comedia.

Las actuaciones centrales ayudan a que el romance sutil entre los protagonistas funcione. Peter Dreimanis está muy bien como Ryan, interpretándolo como un tipo de buenas intenciones, que quiere mucho a su padre y se hace responsable de él, pero que también actúa de forma espontánea debido a la culpa que siente por el accidente. Por su parte, Leah Fay Goldstein convence como una Andie que se estresa demasiado por sus responsabilidades y que depende mucho de cómo planifica sus días. Ambos resultan simpáticos y ambos personajes tienen buenas razones para cambiar sus vidas y animarse a intentar algo nuevo. Por otro lado, Luke Lalonde es suficientemente antipático como Chris, y Norah Sadava destaca como Beth, la mejor amiga de Andie.
Middle Life es una comedia indie admirable, de tono gentil, comedia sutil y buenas actuaciones. El estilo de dirección de Moondi no llama demasiado la atención; es pulcro, de movimientos de cámara suaves y blocking natural. Y la dirección de fotografía, de mucha textura, sombras marcadas y colores saturados, junto a la banda sonora medio vintage, de onda setentera, ayuda a que Middle Life maneje un tono de la vieja escuela que aprecié bastante. Lo que tenemos acá es un drama romántico con el que resulta fácil empatizar, y que debería dejar a su público encantado gracias a la narrativa previsible pero entretenida que desarrolla. Middle Life no revoluciona el género, pero igual se siente como un digno exponente del mismo.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Daylight on Mars Pictures.
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