Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma – veinticinco años después

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Veinticinco años. Resulta algo difícil procesar que haya pasado tanto tiempo desde que “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” se estrenó en cines. De hecho, recuerdo perfectamente cómo la vi; con mis padres, en un recién inaugurado Cinemark del Jockey Plaza. Y a pesar de que solo tenía ocho años, recuerdo lo que dije a la hora de salir de la sala: “demasiados efectos por computadora”. Incluso desde aquella edad, tenía una noción (aunque sea básica) de cómo se hacían las películas.

No obstante, y como le ha pasado a mucha gente, mi opinión respecto al filme se fue ablandando. Ayudaba que tuviese en casa la trilogía original en VHS —eso hizo que me pasión por la saga galáctica de George Lucas vaya creciendo con el tiempo. Y por supuesto, una vez que “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” salió en el mismo formato, mis padres me la compraron, lo cual no hizo más que motivarme a verla una y otra vez. Recuerden: esta era una época antes del streaming. Donde solo teníamos televisión por cable (y canales nacionales, por supuesto), y dependíamos enteramente de una programación ya existente, y horarios cerrados. No teníamos mucha capacidad de ELECCIÓN.

A menos, claro, que uno fuese coleccionista, como Vuestro Servidor. Quizás se trata de un defecto (sé que lo es para varios), pero creo que el tiempo me ha ido dando la razón. De pequeño, y gracias a mis cumpleaños y varias Navidades, era coleccionista de VHSs. Luego, de DVDs; ¡y pueden apostar a que recuerdo exactamente cómo compré el DVD de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”! (En un local evidentemente ya inexistente de “Drugstore Home Video”, cerca al también ya desaparecido local de Blockbuster Video en la Av Caminos del Inca, en Surco). Y por supuesto, ya mientras comenzaba a trabajar, me cambié a los Blu-Rays, y ahora, a los Blu-Rays UHD (en 4K). El streaming es conveniente, pero no hay nada como ser DUEÑO de tus películas y series.

Pero me desvío. El punto es que he tenido la oportunidad de ver esta película en TODOS los formatos —de hecho, puedo decir lo mismo de las otras primeras cinco películas de la saga—, y por ende, me he ACOSTUMBRADO a ellas. Son parte de mi crecimiento, de mi día a día. “Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones”, por ejemplo, fue mi primer DVD (¡un regalo de Navidad!), y debo haberla visto unas cien veces. ¡Con contenido adicional y comentarios del director y todo! Y aunque no lo crean, soy capaz de aceptar los defectos de estas cintas; especialmente los de los Episodios I y II. Y sin embargo, siempre las defenderé; siempre las disfrutaré, y por supuesto, siempre enfatizaré sus bondades y fortalezas.

Lo cual, por supuesto, me trae de regreso a “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”. Veinticinco años. Y toda una celebración en cines. De hecho, fui invitado tanto a la función especial de medianoche en Cinemark Jockey Plaza (como para cerrar el círculo que abrí en 1999; muy emocionante, la verdad), como a otra proyección en UVK Patio Panorama, donde participé de un excelente conversatorio junto a mis colegas Leslie A. Galván y Alejandra Bernedo. ¿Ver “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” en cines y ENCIMA conversar sobre la película frente a un público luego de la proyección? Si me contabas algo así cuando tenía ocho años, me desmayaba. O por lo menos no te creía. ¡Es como vivir un sueño!

Y efectivamente, no me puedo quejar. Porque si hay películas sobre las que amo hablar —y por supuesto, escribir—, son las precuelas de “Star Wars”. El Episodio I, por ejemplo, por más machacado que haya sido a lo largo de los años, sigue siendo de los “blockbusters” más ambiciosos que se hayan hecho jamás, y estas nuevas funciones de aniversario no hacen más que enfatizar aquello. Mientras que otras producciones más modernas se sienten limitadas, genéricas (por más de que utilicen efectos visuales superiores), es impresionante todo lo que esta película HACE en dos horas. La cantidad de planetas a los que nos manda; la gran variedad de aliens y personajes memorables que incluye; las secuencias de acción para las que tuvieron que INVENTAR nuevas tecnologías (de lo contrario, eran imposibles de hacer). Lucas se fue con todo para hacer el Episodio I, y me da gusto que dicho esfuerzo de aprecie más hoy en día.

Porque de genérica, esta película no tiene nada. ¿Qué otro filme te ofrece una secuencia de carreras inspirada en “Ben-Hur”, pero con vainas en vez de carretas, y motores futuristas en vez de caballos? ¿Qué otro filme incluye un duelo de sables de luz memorable, extenso, impresionantemente coreografiado, y de conclusión emotiva? ¿Y qué otra producción tiene una banda sonora como la de John Williams? De hecho, me animaría a decir que la música de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma” es la MEJOR de toda la saga; no solo reinventa muchos de los temas incluidos en entregas anteriores, si no que crea desde cero música nueva, toda memorable y tarareable. Desde los temas más llamativos (¡“Duel of the Fates”!), hasta los más sutiles (el tema de Qui-Gon Jinn; incluso la marcha militar de la Federación de Comercio), todo es inmediatamente reconocible, y funciona perfectamente dentro del contexto del filme.

En pocas palabras: hay mucha imaginación puesta en pantalla, poniendo en evidencia lo mejor que hace Lucas: agarrar inspiración de muchísimas fuentes —desde la historia universal, hasta el cine clásico, y por supuesto, sus posturas políticas—, recontextualizar todo lo que ha elegido, y crear una historia nueva. Es por eso, de hecho, que algo como las películas de “Rebel Moon” de Netflix no funciona. No hay un “remix”; no hay una recontextualización ni una reinvención. Son solo copias, que no entienden cómo usar sus fuentes de inspiración para crear algo nuevo. Lucas no es 100% original, pero definitivamente entiende como darle un giro novedoso a algo ya existente, como para que se SIENTA nuevo. Y creo que es ahí donde radica buena parte de su genialidad.

Lo cual no quiere decir que sea un cineasta perfecto. De hecho, mucho se ha dicho y escrito sobre como tiene problemas dirigiendo actores (algo que es particularmente evidente en “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”), escribiendo diálogo, o conteniéndose con ciertas ideas. Pero prefiero ver algo con una voz clara; con una perspectiva personal, por muy defectuoso que sea, a algo genérico, sin punto de vista. Uno ve cualquiera escena, cualquier MOMENTO de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”, y se da cuenta inmediatamente que fue creada por George Lucas. Lo nota en la mezcla de fuentes de inspiración (históricas, ficticias); lo nota en cómo la película trata sobre la corrupción de un gobierno, y sobre la separación traumática de un niño y una madre. Y en como intenta (para algunos, sin mucho éxito) combinar la ciencia con la magia, entregándonos un punto de referencia (supuestamente científico) para explicar, hasta cierto punto, como funciona La Fuerza (se llaman Midiclorianos). No todo funciona al 100%, pero aprecio el intento a sobremanera.

E incluso dentro de los elementos que supuestamente Lucas no maneja bien, hay momentos que vale la pena destacar. Jake Lloyd (como el pequeño Anakin Skywalker) cuenta con escenas creíbles, incluyendo la despedida con su madre —esta vez, me afectó más que nunca. Ewan McGregor está genial como Obi-Wan Kenobi, por más de que recién cobre más protagonismo en la siguiente película. Me gusta mucho la dignidad callada y sutil que Pernilla August le da a Shmi Skywalker, la mamá de Anakin. Liam Neeson es lo máximo con Qui-Gon, por supuesto (y su muerte sigue siendo de los momentos más memorables de la saga). ¿Y saben qué? Jar Jar Binks no me molesta. Es torpe y gritón, pero a la vez, es un personaje de buen corazón, que por momentos SÍ de risa (y no soy el único en haberme reído en estas funciones). Ahmed Best nunca mereció todo el odio que le cayó por su interpretación, y me da gusto que ahora la pase mejor, incluso habiendo regresado a la saga en “The Mandalorian”.

Y al final del día, Jar Jar, fuera de su “status” como personaje cómico, es incluido para desarrollar uno de los temas más importantes de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”: la relación entre la naturaleza y la tecnología. Personajes supuestamente primitivos (los Gungans) que se enfrentan a una fuerza de mayor tecnología (los droides de la Federación de Comercio), y que terminan ganando. Una buena metáfora para la Guerra de Vietnam, o en realidad, cualquier conflicto entre rebeldes de pocos recursos y fuerzas imperialistas mucho más imponentes. Es ahí donde radica el corazón de Lucas: en apoyar al pequeño, al más débil, al rebelde que se debe enfrentar al Imperialismo, al Colonialismo. Son mensajes que, desgraciadamente, resuenan más que nunca hoy en día, y que incluso la supuesta peor película de “Star Wars” sabe trasmitir. Y es algo que espero puedan detectar ahora que tenemos la oportunidad de verla nuevamente en el cine.

¿Seré un defensor de “Star Wars: Episodio I – La amenaza fantasma”? Pues sí. Pero creo que ya no es necesario “defenderla”. Simplemente puedo decir que siempre me gustó, y no debe darme ningún tipo de vergüenza admitirlo. ¡Nos vemos en el 50 Aniversario!

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