“Street Fighter” es una de esas franquicias que a Hollywood (e incluso a Japón) le ha costado adaptar —como la mayoría de las sagas de videojuegos, supongo. La primera película de acción en vivo, protagonizada por Jean-Claude Van Damme, es uno de mis mayores placeres culposos, pero ciertamente no puede considerarse una buena película. La segunda, “La leyenda de Chun-Li”, es horrenda, desperdiciando a actores talentosos como Kristen Kreuk o Michael Clarke Duncan (Q.E.P.D.) y dejando muy mal parados a otros. Y aunque las películas animadas tienen sus fans, claramente fueron hechas únicamente para gamers, y la primera, en particular, es más famosa por una escena de desnudo animado por parte de la popular Chun-Li que por sus cualidades narrativas.
Sin embargo, aquí estamos en el año 2026 con una nueva adaptación para la pantalla grande de “Street Fighter”, esta vez a cargo del director Kitao Sakurai (“Twisted Metal”). Bastante más fiel a los juegos que cualquiera de las cintas previas de acción en vivo, esta nueva producción logra aprobar con las justas gracias a su impresionante reparto, buenas peleas y decentes efectos visuales, pero no logra estar al nivel de algo como, por ejemplo, la reciente “Resident Evil: noche cero” debido a su tono inconsistente, bromas surrealistas y desenlace decepcionante. “Street Fighter” es la mejor adaptación de esta saga para el cine hasta el momento… lo cual, desafortunadamente, no quiere decir que sea la película que los fans han estado esperando.

“Street Fighter” comienza con un excelente prólogo animado (en 2D) que nos explica la historia de trasfondo de sus protagonistas, los artistas marciales (y hermanos putativos) Ken Masters (Noah Centineo) y Ryu (Andrew Koji). En él, vemos cómo este último logra ganar el Primer Torneo Mundial de Artes Marciales, destruyendo a su contrincante, Sagat, pero no sin antes despertar un poder oscuro llamado Hado, conectándose con el maligno Akuma (Joe ‘Roman Reigns’ Anoai) y preocupando a su maestro, Gouken (el gran Don Lee). Queda claro que Ryu es un gran guerrero y que Ken siempre lo estuvo apoyando… bueno, casi siempre.
Ya en el “presente” de 1993 y fuera del mundo de la animación, nos enteramos de que Ryu y Ken están peleados; el primero ha decidido salirse del mundo de las artes marciales y se dedica a vender comida (muy mala) en la calle, y el segundo se ha convertido en una celebridad, más interesado en tomar e ir a fiestas que en pelear de verdad. Sin embargo, las cosas cambian cuando Chun-Li (Callina Liang) invita a Ken a un nuevo Torneo Mundial, esta vez organizado por el maligno M. Bison (David Dastmalchian), quien simplemente quiere hacerse con el poder Hado de Ryu para convertirse en el guerrero más fuerte del planeta.
Por ende, y con la ayuda tanto de Chun-Li como de su mano derecha, Juli (Rayna Vallandingham), y de la demente Cammy (Mel Jarnson), Bison logra atraer a un variopinto grupo de guerreros al torneo. Aparte de Ryu y Ken, están el coronel estadounidense Guile (Cody Rhodes); el boxeador Balrog (50 Cent); el “español” Vega (Orville Peck); el guerrero indio Dhalsim (Vidyut Jammwal); el ruso inmenso Zangief (Olivier Richters); y el británico Joe (Alex Volkanovski). Y ellos no son los únicos personajes de los juegos en aparecer. En cierto momento, Ryu tiene una pelea con el monstruoso Blanka (Jason Momoa) fuera del torneo, así como con E. Honda (Hirooki Goto) en una sauna. Además, Ken llega con su mejor amigo (y representante), Dan Hibiki (Andrew Schulz), al torneo.

Sin embargo, y como se deben imaginar, “Street Fighter” no trata únicamente de un torneo de artes marciales. Por un lado, tenemos a Ryu y Ken, una dupla que debe lograr amistarse luego de confrontar su trágico pasado, el cual involucra la muerte de su maestro. Y por otro lado, tenemos a Chun-Li, quien en realidad es una agente encubierta de la Interpol, que ha logrado infiltrarse en la organización de Bison para matarlo —después de todo, este último es el responsable de la muerte de su padre. Tal y como le dice su patético compañero de trabajo, Marvin (Kyle Mooney, de Saturday Night Live), sus intereses personales en este caso le pueden traer algunos problemas.
“Street Fighter” está llena de personajes. Y sin embargo, creo que una de sus cualidades positivas es, justamente, la del balance entre todas estas figuras. Porque en realidad, los verdaderos protagonistas de la cinta son Ryu, Ken y Chun-Li. El resto son personajes secundarios, algunos incluidos simplemente para involucrarse en peleas, otros para dar risa y otros como fanservice para apelar a los gamers. La idea de tener un trío principal de personajes tiene sentido, y es algo que hace que, ya de por sí, esta nueva película sea superior a la de Van Damme.

Lo cual no quiere decir que “Street Fighter” sea excelente, porque ciertamente no lo es. Para empezar, la película no parece estar segura de qué tono manejar. Por un lado, tenemos la tragedia del pasado de Ken y Ryu, así como motivaciones creíbles y emotivas para personajes como Chun-Li. Además, David Dastmalchian interpreta a Bison completamente en serio, tratando de (y honestamente, fallando un poco en el intento) convertirlo en una figura intimidante. Y por otro lado, “Street Fighter” está llena de chistes absurdos, frases lapidarias y momentos que parecen estar burlándose de lo ridícula que es la historia y el diseño de los personajes. Varias escenas supuestamente serias son interrumpidas por chistes, y lo que es peor, no todos dan risa (en realidad, la mayoría no dan risa).
Adicionalmente, “Street Fighter” es inesperadamente homoerótica y, bueno, cachonda. Disfruté mucho del trabajo de Cody Rhodes como Guile, por ejemplo (y sé que es algo que no le gustará a muchos fans, pero bueno), y sin embargo, resulta curioso que su personaje tenga una fijación constante en otros hombres (lo cual no está mal, por supuesto, pero es presentado de forma cómica, y creo que sí va un poco en contra del personaje original). Y aunque sí hay cierto homenaje (para nada explícito) a la infame escena de ducha de Chun-Li de la película animada, este es combinado con un plano, digamos, del cuerpo de otro personaje en otra situación. Le suman a esto la obsesión de ciertos personajes con los olores, el aparente fetiche de pies de Bison y comentarios sobre los muslos de Chun-Li, y parece que alguien en la producción realmente estaba… bueno, con ganas de algo.

¿Pero qué hay de las peleas? Después de todo, una película llamada “Street Fighter” debería contar con buenos encuentros, ¿no? Pues en general están bien. No son fenomenales, pero están bien coreografiadas. Destacan la pelea entre Chun-Li y Vega, uno de los combates oficiales del torneo entre Ken y Balrog, y por supuesto, la pelea final que no pienso spoilear acá. Además, cabe aclarar que la cinta en general luce muy bien, haciendo gran uso de colores de neón, iluminación contrastada y movimientos enérgicos de cámara para inyectarle personalidad a la cuestión. Asimismo, los flashbacks tipo anime lucen increíbles, cortesía de los maestros de Titmouse. Puede que el guion sea inconsistente, pero el trabajo tanto de Sakurai como del director de fotografía Ken Seng y de los animadores es impresionante.
Era de esperarse que a mis colegas críticos no les fuera a gustar “Street Fighter”, pero lo que me queda claro después de verla es que dividirá al público. Sí, el Ken de Andrew Koji funciona como el protagonista serio; Noah Centineo es carisma puro como Ken y Callina Liang destaca como la poderosa, intensa y a veces sexy Chun-Li. Pero algunas decisiones de cásting extrañas (David Dastmalchian como Bison, Andrew Schulz como Dan, hasta el mismo Jason Momoa como Blanka, que no tiene mucho que hacer acá), así como un tono innecesariamente cachondo y un desenlace insatisfactorio (que hace referencia al infame cliffhanger de “Street Fighter II: la película animada”) convierten a “Street Fighter” en una experiencia mixta. Divertida, sí; visualmente impresionante también, y ciertamente estúpida, pero fallida. Apaguen sus cerebros antes de entrar a la sala de cine; de lo contrario, puede que terminen saliendo bastante fastidiados de la misma.
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