“Shrek” es una de esas películas que, con el tiempo, ha ido ganando más y más fanáticos, tanto gracias a lo bien que ha envejecido como a todos los memes que ha producido. Por mi parte, tengo muy buenos recuerdos de cuando la veía de chico, sorprendentemente, en su versión doblada al español (yo siempre he estado a favor de ver todo en su versión original, pero siempre haré una excepción con “Shrek”). A pesar de haberse estrenado hace veinticinco años, en un mundo totalmente distinto al de ahora, sin redes sociales, sin influencers, sin IA, “Shrek” se siente moderna. Y para sorpresa de muchos, también se sigue sintiendo relevante.
No debería sorprender, entonces, que la película haya sido reestrenada en cines. No solo por todo lo ya mencionado, sino también, seguro, para preparar a las audiencias para el inminente estreno de “Shrek 5”. Pero no importa si la ven para recordar la trama, por los memes o para prepararse para la nueva entrega; lo importante es que “Shrek” sigue funcionando (casi) tan bien como en el 2001, deleitándonos con su impactante mezcla de sátira, sinceridad, humor para adultos y personajes memorables. Incluso olvidando la existencia de las secuelas (de las cuales, felizmente, solo una es olvidable) y de toda la influencia que el filme ha tenido en producciones posteriores, “Shrek” funciona perfectamente bien como una buena experiencia de fantasía, romance y comedia.

“Shrek” se lleva a cabo en un mundo de fantasía que claramente satiriza los cuentos de hadas popularizados por Disney. El ogro Shrek (voz de Mike Myers en inglés) vive tranquilo en su pantano, asustando a cualquier humano que intenta acercarse a su dominio. Pero cuando el Lord Farquaad (John Lithgow) decide capturar a diversas criaturas de cuentos de hadas, quitarles sus tierras y enviarlas a dicho pantano, nuestro protagonista decide hacer algo al respecto. Por ende, viaja al castillo de Farquaad acompañado de Burro (Eddie Murphy), una criatura parlanchina y bonachona de quien el ogro, muy a su pesar, no puede deshacerse.
Una vez ahí, el lord le ofrece un trato: si va en búsqueda de la Princesa Fiona (Cameron Diaz), la rescata de lo alto de una torre vigilada por un dragón que escupe fuego y la trae de vuelta para que se pueda casar con ella, le devolverá formalmente sus tierras a Shrek, botando a todas las criaturas recién mudadas. Pero una vez que nuestra dupla protagonista cumple con dicha misión, sucede algo que nadie se hubiese podido esperar: Shrek y Fiona se enamoran. ¿Podrán terminar juntos un ogro y una princesa (aparentemente) común y corriente? ¿Habrán encontrado el verdadero amor? ¿Y se saldrá Farquaad con la suya? Si han visto más de una película animada, seguro que sabrán las respuestas a la mayoría de estas preguntas.
Lo interesante de “Shrek”, especialmente viéndose veinticinco años después de su estreno original, es que es tanto sardónica como sincera. Lo primero, porque, como muchos ya saben, satiriza los cuentos de hadas y especialmente a la corporación Disney de manera desenfadada y poco sutil. Es así que acabamos con versiones curiosas de personajes como los Tres Chanchitos, Blanca Nieves o Robin Hood, que no son precisamente tratados con respeto. O tenemos también la escena en la que Shrek y Burro llegan al dominio de Farquaad, el cual es presentado como una versión medieval de Disneylandia, con todo y espacio para filas y un espectáculo de marionetas cantantes, como las que uno encontraría en un parque temático de ese tipo.

Es todo muy gracioso y entretenido, y le permite a “Shrek” obtener un tono y estilo propios. Este no es, pues, el clásico cuento de hadas que uno esperaría de una película familiar común y corriente, sino más bien una historia animada con protagonista atípico, antagonista antipático y de serios problemas de ego, y princesa que se esfuerza en esconder su verdadera naturaleza. Y como quizás ya saben, “Shrek” hace un buen trabajo incluyendo diversos juegos de palabras, sugerencias y hasta chistes ligeramente explícitos dirigidos a los adultos. Aquello está tan bien implementado que los mayores se darán cuenta de ello y se reirán, mientras que los más pequeños de la casa ni le harán caso.
No obstante, también está la sinceridad de la narrativa. Por más que “Shrek” se burle de Disney, los cuentos de hadas, la cursilería de ese tipo de historias y el rol de personajes clásicos como Cenicienta (quien es presentada, junto a Blancanieves y Fiona, como parte de un video tipo programa de televisión de citas), igual logra narrar una historia emotiva sobre el amor verdadero, la importancia de no juzgar a las personas por su apariencia, y el no tener que esconder la naturaleza propia. Es un mensaje loable, el cual concluye de forma satisfactoria cuando, para sorpresa de nadie, Shrek logra quedarse con Fiona a pesar de ser (aparentemente) muy distintos el uno de la otra.

Ahora bien, si hay algo que sí me hizo ruido durante este último visionado en el cine, justamente es un aspecto del mensaje central de “Shrek”. Todo bien con que los personajes secundarios descubran la verdadera ternura del personaje del título, y que Fiona se dé cuenta de que tiene más cosas en común con el ogro de las que creía. Pero a la vez, no puedo evitar sentir que buena parte de estos temas es invalidada por cómo la película trata a Farquaad. Sí, es un mal tipo, arrogante y cruel, pero considerando lo ya mencionado, resulta curioso que el guion se burle tanto de su estatura. Si el chiste está en no juzgar a la gente por su aspecto, ¿por qué pareciera que los directores Andrew Adamson y Vicky Jenson consideran a la gente baja como un blanco de burla completamente aceptable?
En fin, tampoco es algo que vaya a arruinar totalmente la experiencia de ver “Shrek”; no tienen por qué funarme, así que guarden sus horcas. Por más que haya podido darme cuenta de aquel detalle esta vez, igual creo que “Shrek” funciona muy bien para efectos de lo que intenta hacer con su historia. Ayuda, además, que todos los personajes sean memorables, desde los principales hasta los secundarios. El Shrek de Mike Myers es un icono; su discurso sobre cómo los ogros son cebollas no podría ser más famoso, y el arco de crecimiento por el que pasa es muy efectivo. Por su parte, Eddie Murphy (y sí, Eugenio Derbez, también) destaca como Burro, quien muy fácilmente podría haber sido desesperante, pero felizmente termina siendo adorable. Y la Fiona de Cameron Diaz es la princesa moderna perfecta; dulce y romántica, pero también fuerte y con habilidades de artes marciales (cierta escena de pelea hasta incluye una parodia de “Matrix”, porque era el año 2001 y todo el mundo y su abuelita lo estaba haciendo).

Visualmente, se nota que “Shrek” tiene veinticinco años, pero no por eso se puede decir que luce mal. Sí, los efectos de fuego son de cuestionable calidad (en aquella época todavía no se contaba con herramientas verosímiles de simulación de fuego, pues), algunas texturas son simplonas y ciertas animaciones se sienten robóticas. Además, cualquier personaje humano que no sea Farquaad o Fiona se ve… extraño. Pero nada de eso importa cuando tenemos diseños tan icónicos para los protagonistas y el antagonista, así como una variedad envidiable de locaciones vistosas (el pantano de Shrek, el Castillo de Farquaad, la torre de Fiona, el ring de lucha libre y mucho más). “Shrek” palidece en comparación con producciones más modernas, obvio, pero su simpleza visual igual cuenta con cierto encanto que, incluso, ha hecho que los fans se quejen de la calidad visual aparente de la quinta entrega en su más reciente tráiler.
“Shrek” es un clásico moderno de la animación; de eso no hay duda. Entre su historia sencilla pero emotiva, personajes icónicos, escenas de sátira hilarante, diálogos que han quedado grabados en la memoria de millones de personas, y la buena utilización de canciones como All-Star y I’m A Believer, de Smash Mouth, o Hallelujah de Leonard Cohen, “Shrek” ha logrado calar en un público amplio. Impresionante, por ejemplo, que los adolescentes de hoy, que ni estaban vivos cuando el filme se estrenó, disfruten tanto del mismo; pero ese es el poder de “Shrek”. Ha sido todo un deleite ver esta gran cinta animada en la pantalla grande después de tantos años; a ver si también se animan a estrenar su impresionante primera secuela en cines.
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