Rápidos y Furiosos 9

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Ha llegado el momento que muchos querían ver; lo crean o no, la saga de “Rápidos y Furiosos” ha cobrado autoconsciencia. Si antes era involuntariamente graciosa, dejando una que otra seña de que, quizás (y solo quizás) los directores sabían que estaban trabajando en algo bastante absurdo, es con esta novena entrega que por fin han dejado las máscaras a un lado. Sí, hay harto drama y relaciones entre padres e hijos bastante tortuosas y conflictos suficientemente graves, pero acá lo interesante es que se ha borrado cualquier semblanza a la vida real. “Rápidos y Furiosos 9” no tiene como protagonistas a seres humanos normales; los personajes son caricaturas andantes, casi tan invencibles como cualquier superhéroe de Marvel o DC.

Si no, pregúntenle al buen Tyrese Gibson, que se pasa gran parte de la película comentando justamente lo que muchos miembros del público habían estado pensando por años: ¿por qué es que Dom (Vin Diesel) y su equipo parecen ser capaces de sobrevivir todo tipo de situaciones extremadamente peligrosas y ridículas? ¿Será que son superhumanos? ¿Será que son invencibles? Es una idea que hubiese sido genial que “Rápidos y Furiosos 9” explore (¡más meta imposible!), pero desgraciadamente, el filme no tiene tiempo para eso. Utiliza ese tipo de meta-comentarios como una suerte de chiste, desarrollando al personaje de Tyrese (Roman… ¡se llama Roman!) como una suerte de representante del público, siempre consciente de que nada de lo que está viviendo tiene sentido.

El director Justin Lin (de vuelta, luego de haber dirigido la sexta entrega por última vez) hubiera podido convertir a “Rápidos y Furiosos 9” en una suerte de “Deadpool” para esta saga de carros, tuercas, y explosiones, pero ese no era su plan, claramente. Lo que la película hace es entregarnos los mismos ingredientes de siempre, utilizándolos para cocinar un plato bastante más picante, en donde nada parece haber sido obviado. ¿Le pondrían pescado, carne, verduras, champiñones, pan, langostinos, piña, o hasta chocolate a una misma pizza? Parece que los creadores de “Rápidos y Furiosos 9” sí; para ellos, lo importante es tener la mayor cantidad de ingredientes, sin importar qué tan bien combinen los unos con los otros. Más es más; la cautela es para los cobardes.

Lo cual, evidentemente, resulta en un producto estúpidamente entretenido. No se puede negar que “Rápidos y Furiosos 9” es una cinta divertida, que muestra sus verdaderos colores durante sus primeros minutos de metraje. Un primer flashback (de varios) con Dom, su hermano Jakob (John “No me puedes ver” Cena) y su padre es suficientemente telenovelesco, y una extensa secuencia de acción, que se lleva a cabo en un país ficticio y que involucra carros, tanques, acantilados, y un avión que carga un imán gigante (¡!) resulta tan inverosímil, que uno no puede evitar reírse. Estos primeros diez o quince minutos son una excelente representación de lo que el público busca en estos filmes: una mezcla de melodrama exagerado con explosiones y un constante desafío a las leyes de la física.

¿Y la trama? Como siempre, hay un MacGuffin; esta vez, se trata de una pieza tecnológica que puede controlar todo tipo de aparato conectado a la Internet, o algo así. ¿Importa? No realmente. Lo que importa es que Dom y su equipo tienen que encontrar a Jakob, ahora convertido en una suerte de super espía, para evitar que consiga el MacGuffin y se haga el Dueño del Planeta (™). Para ello, se involucran en toda suerte de situaciones que parecen haber sido sacadas de una caricatura de la Warner (solo que con más músculos y explosiones). Tenemos desde imanes gigantes que lanzan carros por doquier, hasta explosiones y derrumbes fácilmente sobrevivibles, y por supuesto… el espacio exterior. No diré más, pero hey, ¿era de esperarse, no? El meme se convirtió en realidad, y el chiste es ahora parte del canon. Solo espero que la siguiente película incluya dinosaurios o aliens.

“Rápidos y Furiosos 9” es la película más larga de la franquicia, sin embargo, y por momentos se siente como tal. Los cameos llegan de manera rápida y furiosa (ja), y se van de igual manera; así que no se sorprendan cuando la gran Helen Mirren termina teniendo mayor tensión sexual con el Dom de Vin Diesel que su supuesta pareja (Michelle Rodríguez); cuando los protagonistas de “Rápidos y Furiosos 3: Tokio Drift” (también de Lin) reaparecen, convenientemente dedicándose a construir carros con cohetes espaciales (no pregunten), o cuando Han (Sun Kang) vuelve a la vida (no, la explicación para justificar este ret-con no convencería ni a un bebé). Como me decía el amigo con el que fui a ver este filme al cine (porque esto no se ve solo, y mucho menos en casa): “Rápidos y Furiosos 9” se siente como el “Avengers: Endgame” de la saga. ¡Solo faltaba que regresen Eva Mendez o James Remar (salieron en la segunda)!  

Si han seguido la franquicia hasta este punto, seguramente disfrutarán de esta novena entrega. Es una total ridiculez, un filme que cruza la raya más de una vez, totalmente consciente de que ya no tiene nada que ver con los corredores de autos ilegales que se dedicaban a robar reproductores de DVD (ja). Sí, la historia (presentada en flashbacks) de Dom, Jakob y su padre es trillada y emotiva a la vez, y sí, las secuencias de acción parecen haber sido sacadas de un videojuego de Bugs Bunny (para sorpresa de nadie). “Rápidos y Furiosos 9” es la película perfecta para ver luego de un largo día de trabajo; no le exige absolutamente nada a nivel cerebral al espectador, y más bien lo distrae con violencia, ruidos fuertes, diálogos absurdos, y referencias inesperadas a las películas de “Star Wars” (y eso que la franquicia no es de Disney, si no de Universal).

¿Qué podemos esperar de “Rápidos y Furiosos 10”, entonces? (Sí, ya está confirmada). Honestamente, a estas alturas del partido, ya nada me sorprendería. ¡Denle una bazooka a Helen Mirren, o manden a Dom al futuro, por todos los cielos!

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